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EL DR. HUGO SCHWYZER SOBRE JESÚS Y LA KABBALAH

Fui criado como ateo, hijo de dos profesores de filosofía. Mi padre era un católico no practicante, y la familia de mi madre pertenecían a la iglesia cristiana episcopálica, pero ellos también se habían convertido en no-creyentes. Yo, sin embargo,  crecí fascinado con la religión y opté por hacer de la historia de la religión mi campo académico y, con el tiempo, obtuve mi doctorado en historia de la iglesia medieval en UCLA. Mi propia jornada en el sendero de la fe me llevó a Cristo cuando tenía 19 años.
A diferencia de mis padres, yo sí encontré paz y consuelo dentro de la iglesia.
Durante décadas, mi relación con Jesús me ha confortado y sostenido. Al mismo tiempo, y en calidad tanto de creyente como de erudito, continuó mi curiosidad acerca de la relación entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, entre la Torah y el Nuevo Pacto de Cristo.

Cuando llegué al Centro de Kabbalah en 2003, me encontré con una comunidad acogedora que me ofreció la oportunidad de comprender el mensaje de Cristo más profundamente. Aunque la mayoría de mis maestros habían sido criados en familias judías, era evidente que el Centro estaba abierto a todos. Nadie me presionó jamás para que renunciara a mi cristianismo y nadie me sugirió jamás que considerara convertirme. Más bien, he descubierto, que el Centro quería que encontrara las herramientas para hacerme un mejor cristiano y un mejor ser humano y yo he encontrado esas herramientas en el Centro.
Mi esposa, mi hija y yo estamos en el corazón de esta amorosa, vibrante, diversa y tolerante comunidad. Hay árboles de Navidad y menorás en nuestra casa, hacemos búsquedas de huevos de Pascua y comemos matzá. Y no nos limitamos a hacer estas cosas ritualmente: las hacemos con un profundo conocimiento de su significado espiritual, el conocimiento que obtuvimos de nuestros maestros y nuestros amigos en el Centro de Kabbalah.
Como cristiano, como académico y como padre me siento orgulloso de llamar hogar al Centro de Kabbalah. Sé que mi familia y yo somos parte de una larga tradición de cristianos que han estudiado esta sabiduría ancestral y estoy agradecido a la familia Berg por su incansable compromiso para poner a la Kabbalah a disposición de todos.
Hugo B. Schwyzer, Ph.D